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Reconectar: un grito urgente

Estos días, la vida me exprimió llevándome al límite del aguante físico, emocional y espiritual. Desafíos laborales me “tomaron los nervios” e hicieron realidad todo lo que escribí la semana pasada. Experimenté en carne propia cómo mi batería vital se extinguía y tuve que poner en práctica todo lo que sabía para sostenerme… y sostener a otros también.


Nadie se salva de momentos así, y por eso creo que es fundamental compartir cómo podemos reconectarnos y recargarnos de vida, esperanza, alegría y confianza, en que todo está bien y que, finalmente, pasará. En el fondo del alma, somos muchos los que, en circunstancias adversas, nos soltamos de la mano de Dios, sentimos el pánico y nos agotamos. Por eso necesitamos pistas para reencontrarnos con su amor.



Es humano

Dudar forma parte de nuestro ADN, sobre todo cuando no entendemos ni controlamos lo que la vida nos presenta. Hemos sufrido antes y, de manera consciente o inconsciente, buscamos evitar ese dolor. Por lo mismo, reconectarse no es una receta rápida ni una autoayuda liviana. Volver a tomar la mano divina es una decisión que involucra todas nuestras dimensiones y que nos regala una mirada distinta: una que ayuda a resignificar la situación, fortalecer la fe, descubrir las oportunidades que se nos presentan y, sobre todo, nos invita a detenernos, respirar y nutrirnos con aquello que nos da vida.


Aunque no podemos cambiar de un día para otro la sociedad en la que vivimos, sí está a nuestro alcance tomar decisiones personales que marcan la diferencia en nuestro bienestar y en el de los demás. Porque ya sabemos que, cuando no paramos a tiempo, el cuerpo o la vida misma nos detendrá con una crisis o una enfermedad. El famoso estrés es uno de los peores enemigos de la salud personal y comunitaria, y explica, en parte, la desesperanza que hoy tantos experimentan.



El arte del equilibrio

El psicólogo chileno Ignacio Fernández propone, en su libro ‘GPS Interior’, una regla sencilla y profunda: el 3 a 1. Por cada experiencia difícil, necesitamos tres que nos nutran. No se trata de negar lo doloroso, sino de darle la justa proporción. Tres gestos de gratitud, descanso o ternura por cada obstáculo del día. Ese equilibrio transforma nuestra energía interior.


luz


Cada persona tiene su propio mapa de “enchufes”: espacios, vínculos o hábitos que recargan el cuerpo y el alma. A nivel físico, movernos, crear, caminar o conectar con la belleza nos ayuda a liberar tensiones. El orden, la luz, la música y la naturaleza son auténticos “spas” del espíritu. A nivel mental, el cerebro necesita pausas y silencio. Dormir bien, desconectarse de pantallas y practicar la atención plena nos devuelven serenidad. La “mirada orgánica” (esa forma consciente y agradecida de mirar la vida) nos saca del piloto automático y nos permite ver con gratitud lo que somos y tenemos.



Sentido y propósito

También existen enchufes psicológicos: el sentido y el propósito. Como decía Viktor Frankl, “quien tiene un para qué puede soportar casi cualquier cómo”. Cuando lo que hacemos tiene sentido (cuidar, enseñar, servir), la energía no se gasta, se transforma. Y están los enchufes relacionales: las relaciones auténticas, el humor y la ternura. Los vínculos sanos recargan más que cualquier descanso, porque nos devuelven pertenencia y esperanza. Acompañar, servir o hacer voluntariado nos revitaliza; el amor compartido genera energía.


Pero los enchufes más potentes son los espirituales. Jesús mismo se retiraba a orar para “recargarse” en el encuentro con su Padre. En la oración, el silencio y la naturaleza, el alma respira y se renueva. Cuidar el espíritu es cuidar la raíz de nuestra energía vital: ahí donde el amor se convierte en fuerza creadora. A mí me ayudó mucho el rezo del Rosario y la visualización de la mano de Dios envolviendo mi tensión. Su promesa de acompañarme me alivió y, con la creación, me apapachó.



Un grito interior

Quizás tú estás viviendo algo similar o peor, por lo que recargarse también es tu grito interior. Y no es solo cuidarse, sino dejarse habitar por el Espíritu, que nos renueva desde dentro cuando lo buscamos con intención. Al volver a conquistar la fe y la esperanza, volvemos a vivir desde ese centro y pasamos a ser fuente de energía para otros, luz y sal en medio del mundo.


Si quieres saber más de esto, te invito al programa online ‘Vivir por lo Importante’, de la Fundación Vínculo, donde, en tres sesiones, profundizaremos en “Enchúfate”: una llamada a reconocer los recursos personales y comunitarios que nos recargan para vivir con mayor plenitud, paz y gratitud. Porque, cuando amamos en plenitud, nos convertimos (como enseñó el Señor) en verdadera energía vital para los demás. Más información en: info@fundacionvinculo.cl

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